Monday, May 04, 2015

RELATO DE LA SEMANA

  LA VENTANA


- Mami ¿puedo abrir la ventana?-
- No-
- Mami ¿Por qué no puedo abrir la ventana?-
- Por que no-
- Pero mami ¿Por qué no puedo abrir la ventana?-
- Porque se nos mete el frío ...
La madre se dio la vuelta.
El niño abrió la ventana.
Todos murieron.
La estación espacial se había despresurizado


Monday, April 27, 2015

RELATO DE LA SEMANA

EL REPLICANTE
 


LOS SABIOS DE TODO EL MUNDO ACTIVARON AL REPLICANTE, AQUEL INSTRUMENTO DE ALTA INGENIERIA QUE LES REVELARIA LA CLAVE DEL INFINITO...
ENCENDIERON EL ARTEFACTO.
TAL COMO SE ESPERABA: LA NANOMÁQUINA CREÓ UNA COPIA, ALGO MÁS PEQUEÑA,  DE SÍ MISMA, QUE A SU VEZ CREÓ OTRA COPIA DE SÍ MISMA,

QUE A SU VEZ CREÓ OTRA COPIA DE SÍ MISMA, QUE A SU VEZ

CREÓ OTRA COPIA DE SÍ MISMA, QUE A SU VEZ CREÓ OTRA COPIA  DE  SÍ   MISMA,

QUE A SU VEZ CREÓ  OTRA COPIA DE SÍ MISMA, QUE A SU VEZ  CREÓ OTRA COPIA DE SÍ

MISMA, QUE A SU VEZ CREÓ OTRA COPIA DE SI MISMA, QUE A SU VEZ CREÓ





OTRA COPIA DE


SI MISMA, QUE A SU VEZ... ......... .................................................................





Sunday, April 26, 2015

RELATO DE LA SEMANA

SALDO EN AZUL





El hombre moribundo se aproximó al cajero automático del BIS.
Con grandes esfuerzos abrió la puerta de cristal y deslizó la tarjeta por el puerto infrarrojo.
A continuación, digitó la clave...

SALDO EN AZUL
SALDO EN AZUL
SALDO EN AZUL
SALDO EN AZUL
SALDO EN AZUL
SALDO EN AZUL
SALDO EN AZUL
SALDO EN AZUL
SALDO EN AZUL
    SALDO EN AZUL...
Le informó, irónicamente, la máquina.
El vampiro murió de hambre junto al Banco Internacional de Sangre.



Wednesday, April 15, 2015

RELATO DE LA SEMANA

ULTIMAS PALABRAS DE UN SABIO

“Toda la noche

sentí que el viento hablaba
sin palabras”
        Aurelio Arturo/ CANCION DEL VIENTO.

Siempre se le veía con un libro a mano.
Si alguien lo hubiese observado atentamente se habría percatado de que, en verdad, llegaba a devorar uno o dos libros al día.
Las personas no lo trataban demasiado.
Tal vez se debía a la aprensión que un sujeto tan diferente suscitaba entre los individuos  “normales”.
  El tipo era un genio, de ello no cabe duda.
Fue el último erudito que anduvo por el mundo, un aventajado en términos poéticos y filosóficos, un individuo como nunca volvería a nacer.
Nadie podía imaginar las abrumadoras frases con que él describía su realidad; Pura poesía.
La criatura más repulsiva del universo pudo verse como la más perfecta si el maestro así lo hubiese querido. Pero  el silencio era su  único amigo. De poco  valía compartir  su  profunda sapiencia con la masa ignorante, el vulgo  anodino que  era el mar del sinsentido en que  su  alma se  ahogaba  día a día. 
Sin embargo, un asunto torturaba al eminente personaje: Preocupábale sobremanera imaginar que, al dejar el reino de los vivos, no se le oyera recitar su póstumo epitafio; el más refinado, el más armónico y bello epitafio jamás oído.
A él no le importaba si, al morir, nadie le acompañara, porque, en tal caso, difícilmente se le imputaría una frase mortuoria que no correspondiera a tan alto entendimiento.
En cambio, si moría ante testigos, bien podría testificarse que, efectivamente, El Sabio solo atinó a decir un escueto “me muero”.
Por ello, repetíase siempre magníficos pasajes colmados de distinción y profundo significado, de tal suerte que, si la muerte cruel le sorprendía, tuviese a mano soberbia despedida cual verso inmortal.
No tardó la dama oscura en visitar al hombre que, en cierta forma, morir deseaba.
Su cuerpo cayó lentamente bajo cadavérica rigidez  pero su mente, ágil y despierta, formuló en ese instante el prístino epitafio, las míticas palabras, el espléndido verso que lo haría digno de ser llamado Sabio entre los  Sabios.
Miles de personas le rodeaban, miles de ojos siguieron el movimiento de aquellos viejos labios pronunciando con calma el sublime mensaje, las últimas palabras del maestro.

En el reino de la eternidad, El Sabio se pregunta el por qué de aquellos gestos confusos, esbozados por quienes escucharon su planificada despedida.
En el reino de la tierra, un hombre se acerca al tumulto de gente, contempla al cuerpo del anciano que sostiene entre sus arrugadas manos un grueso libro de poesía, y pregunta:
-¿Qué pasó?-
Y una mujer, que ha estado allí desde el comienzo, responde con desgano:

- Se murió el boquinche-

Monday, March 23, 2015

RELATO DE LA SEMANA

EL DES-CUBRIMIENTO

Yo no sé de mi infancia
más que un miedo luminoso
y una mano que me arrastra
a mi otra orilla”
       ALEJANDRA PIZARNIK / TIEMPO

El androide XT-037, un modelo femenino, llevaba de la mano al pequeño Heog hacia uno de los módulos  cristalinos de Aprendizaje Neuromotor. Otros niños y niñas,  igualmente vestidos con el uniforme azul oscuro de piel sintética, se encaminaban a sus respectivos módulos, guiados por aquellos androides, altos y afectuosos, tan gráciles que habrían podido pasar por adultos de verdad en el exterior del Instituto.
Heog penetró a su compartimiento y una pantalla, el mismo rectángulo blanco que el chico recordaba desde que ingresara al Instituto a los dos años de edad, apareció ante sus ojos. Pronto, las imágenes virtuales y los sonidos envolventes unirían sus patrones para proyectar múltiples conocimientos sobre la mente inmadura del jovencito, quien aprehendería generosas cantidades de información a través de las redes interactivas y los insuperables modelos didácticos de enseñanza.
Así había sido desde hacía ocho años y así continuaría siendo hasta...

HOY ES EL DÍA

-¿Qué?- Heog miraba las letras en la pantalla, confundido.
 
HOY ES EL DÍA.

HOY CONOCERÁS A LOS HUMANOS DE VERDAD.

Finalmente, después de ocho largos años enclaustrado en aquel internado de alto nivel, entraría en contacto con Los Adultos.
¿Serían igual de cálidos que los androides?
¿Se comportarían con la misma diligencia y afabilidad?
¿Sería verdad que conocían el sufrimiento?
Heog siempre anheló conocer a Los Adultos. Por supuesto, no recordaba como eran (y en situación similar se hallaban sus compañeros de estudio) pero, si algo tenía claro, era que sus motivaciones no se reducían al posible afecto que pudiera sentir por ellos sino a la curiosidad que tales individuos le suscitaban.



La extraña fascinación que el chico sentía por Los Adultos sólo podía compararse con aquella ocasión -¿cuántos años tenía? ¿Tres? ¿Cuatro?- en que observó a un par de androides, uno sobre el otro, sin las tiras de piel sintética, dejando al descubierto sus fascinantes circuitos eléctricos.
Reían.
Heog  lo recordaba. Lo recordaba muy bien porque, entonces, descubrió quien era.

-Te esperan, Heog- le dijo XT-037
El niño asintió con la cabeza y caminó a través de un blanco pasillo. La luz se filtraba a través de las níveas placas fluorescentes. Era un fulgor tenue, preciso, tan benigno como todo en el Instituto. Por eso los humanos confiaban a sus hijos al cuidado de los androides, internados en aquel centro experimental de enseñanza, porque aquel ambiente les aseguraba total felicidad a los niños. Ninguno experimentaría el sufrimiento, el dolor, las peleas de los padres, aquellas cosas que los pequeños NO DEBÍAN conocer pero que, debido a la enloquecida marcha del mundo, terminarían conociendo al salir del Instituto...
Los Adultos vieron al muchacho, delgado pero evidentemente sano. Caminaba hacia ellos con aire resuelto, quizá algo ansioso. De vez en cuando volvía la vista atrás, al túnel resplandeciente que conducía al Instituto. Un lugar al cual jamás volvería...
Por fin, el chico se plantó ante sus padres.
-Hola papá. Hola mamá.- saludó con una reverencia.
-Hola, amor- saludó la madre
-Te trajimos un presente- dijo el padre ofreciéndole a Heog una hermosa pluma, de las que antaño se usaran para escribir.
El niño tomó el esbelto regalo, de brillante metal plateado, y abrazó a Los Adultos. Tal como la pantalla aconsejaba tratándose de humanos.
-Mi niño- repetía la madre- mi niño... fruto de mis entrañas...
Aquello conmocionó al chico.
-¿de tus entrañas, dices?- preguntó mientras retrocedía, visiblemente asustado. Su antiguo descubrimiento se hacía pedazos.
-¿qué ocurre, amor?- la madre intentó atraerlo hacia su seno pero el joven rehuyó el abrazo.
Efectivamente, los niños del Institutos nunca supieron lo que NO DEBÍAN SABER.
Antes que Los Adultos pudieran evitarlo, el plateado instrumento se clavó en el corazón de su querido hijo. Las gotas de sangre mancharon el suelo inmaculado y un grito de sorpresa, más que de dolor, rompió el silencio del exterior.
-¿Por qué, mi amor? ¿Por qué lo hiciste?

-Tenía que probarlo... saber si tenía circuitos... si a pesar de todo podía reír... - repuso Heog exhalando su último aliento...

Tuesday, February 10, 2015

RELATO DE LA SEMANA

EL CONFÍN DEL MUNDO






La Muerte, demacrada, tocó a la vieja puerta...
Estaba cansada del largo trayecto que había recorrido y solo esperaba tener algo de suerte en aquella comarca: El confín del mundo.
Unos pasos se oyeron cada vez más cerca del espectro.
La Muerte llevó una de sus huesudas manos hacia la enorme y mellada hoz que cargaba a la espalda desde El Principio de los tiempos.
La perilla de la puerta giró lentamente
La Muerte contuvo el aliento... aunque, en realidad,  nunca hubiese respirado...
Un niño apareció en el umbral.
De haber tenido, el corazón de La Muerte habría estallado de emoción.
La hoz cortó los frágiles lazos del viento, atravesando el cuerpo del pérfido ente: Un androide enano.
Nada ocurrió... Y era el confín del mundo.
La puerta se cerró de nuevo.

La Muerte cayó al suelo y lloró, con lágrimas secas, anhelando aquella época en que los humanos aún no se habían extinguido.

Thursday, January 22, 2015

RELATO DE LA SEMANA

Y LOS CIENTÍFICOS CORRÍAN



Y los científicos corrían.

El niño avanzó por el túnel y una voz le reclamó:
-¿Qué buscas?-
- Al Oráculo- dijo el niño.
- Yo soy. Acércate-

Y los científicos corrían.

El niño dio unos pasos y encontró tres flamas encendidas.
-¿Para qué es esto?-
- Primera Pregunta.- dijo el Oráculo –Cada vez que me interrogues deberás apagar una de ellas. Comienza, por favor-

Y los científicos corrían.

El niño sopló pero no se apagó la flama.
-¿Así?-
- Segunda Pregunta- tronó la voz –debes usar tu mano para ello. Descuida, No te quemarás-

El niño posó su mano en una flama y ésta se extinguió.
Lo mismo ocurrió con la segunda flama.

Y los científicos corrían.

- Aún te queda una pregunta. Adelante, pequeño.-

El niño lo pensó detenidamente. Por su cabeza pasaron cuestiones tan trascendentales cómo ¿Existe Dios? ¿Qué es la vida? ¿Cómo se creó el universo?... Pero sólo una pregunta fue la vencedora...

Y los científicos corrían.

-¿Por qué los niños hacemos de pie y las niñas sentadas?-
- Porque su estructura anatómica así lo demanda.-

Y los científicos llegaron.


La tercera tecla había sido presionada y la Máquina Marciana se apagó por siempre.